Cata Las Arenas

Sociedad de Cata de Vinos

Cervezas Norteamericanas

 

Cuando hablamos de cerveza norteamericana siempre nos viene a la cabeza las famosas cervezas industriales suaves y aguadas tipo Bud, Miller, Coors, etc.

Siempre vemos en las series, películas, etc, que la cerveza es parte de la vida cotidiana de los estadounidenses, siempre tienen una botella de cerveza en la mano y siempre beben a morro, de hecho, las cervezas que se consumen con mayor normalidad tienen el tapón corona a rosca para facilitar su apertura y no perder el tiempo buscando un abridor.

Todos hemos bebido una cerveza directamente de la botella pero, casi siempre, por dos motivos. El primero porque estamos entre amigos hace calor y sabemos que durará poco, y la segunda porque es una cerveza «no muy buena y que no hace falta alargarla mucho».

Hoy hablamos de cervezas no industriales y que no están dentro de los dos grupos de super cervecerías: Anheuser-Busch InBev y MillerCoors.

Pues en Estados Unidos, aparte de las cervezas industriales, existe un gran mercado de cervezas no industriales que tienen un peso específico dentro del mercado cervecero.

Para hacernos una idea, en los últimos diez años, se ha multiplicado por seis su número y el personal que trabaja en ellas, es decir, su fuerza laboral, ha aumentado en un 120%. Lo más increíble de todo es que el consumo de cerveza en Estados Unidos ha disminuido. En pocas palabras: menos consumo pero de más calidad.

El mercado ha abrazado las cervezas artesanas gracias a tres aspectos: los gustos del consumidor de un sabor más intenso, la capacidad de ofrecer múltiples variedades y un apoyo claro de los negocios locales que han apostado por marcas no industriales.

A nivel regulatorio, los Estados Unidos han vivido en una constante montaña rusa, pero finalmente han sido capaces de hacer florecer la innovación. Después de la Ley Seca, durante la que muchos se enriquecieron, se buscó destruir sus monopolios verticales para promover la bebida segura y eso creó “el sistema de los tres niveles”: Productores, distribuidores y minoristas. En este caso el minorista se puede abrir camino si problema.

Para empezar, y aquí me sale la vena de poco amante de los Yankies, decir que los Estados Unidos se cargaron su propia historia y con ayuda de los inmigrantes empezaron a reconstruir una historia más reciente. Todos sabemos que copian o compran cosas para tener algo de historia.

No he podido profundizar pero seguro que los pieles rojas, sioux, cherokees, etc, ya elaboraban sus propias cervezas. Concretamente he podido leer que los Apache elaboraban una cerveza hecha de maíz llamada tiswin.

Historia de las cervezas artesanales en Estados Unidos

Para explicar rápidamente la historia de la cerveza en Norteamérica nos tenemos que remontar prácticamente a  su nacimiento cuando en el año de 1620 el célebre Mayflower con 110 pasajeros a bordo zarpó de Plymounth, Inglaterra,  rumbo a la tierra prometida. Entre los muchos problemas surgidos durante la travesía, estaba el de haberse agotado sus reservas de cerveza, lo que les obligó a detener su viaje antes de lo planeado para buscar provisionarse de alimentos y lo hicieron en las costas de Massachusetts en la bahía de Plymounth, La tradición de fabricar la cerveza en casa seguía vigente y las mujeres la usaban tanto para su consumo como para ofrecerle a sus visitantes y vecinos. Había miles y miles de pequeños productores de cerveza a lo largo y ancho de las nuevas colonias americanas.

Para el año 1886 existían más de 2,300 fábricas de cervezas en Estados Unidos, sin embargo el golpe definitivo a la tradición artesanal lo dio el propio gobierno con la implementación de las leyes de Prohibición que durante 14 años mantuvieron la ley seca que prohibía fabricar y consumir bebidas alcohólicas. Estas leyes marcaron, por otro lado, el inicio de la época dorada para los fabricantes de bebidas embriagantes y otras substancias, poco saludables, en toda la franja fronteriza de México.

En 1933 la Prohibición fue levantada en gran parte debido a que el gobierno necesitaba desesperadamente elevar su captación de impuestos y el consumo legal de licor era una excelente fuente de ingresos. Para esa época solo unas 43 fábricas de cerveza en todo el país pudieron sobrevivir los años de restricción.

El gobierno acabó ayudando a la industria cervecera y prohibió la fabricación casera de cerveza que no le aportaba ingreso alguno. Evidentemente esto catapultó la producción industrial de cerveza haciendo crecer como nunca antes a las grandes marcas como Budweiser o Miller. Para finales de los años 70 en el país existían poco menos de 50 fábricas que se repartían el pastel completo dejando a los artesanos cerveceros prácticamente fuera de la jugada.

En los años 80 Jimmy Carter firmó una enmienda que permitía a los ciudadanos fabricar hasta 100 galones de cerveza “para uso personal”.  Esta fue la señal que necesitaban miles de artesanos cerveceros para salir de su letargo. Abogados, químicos, comerciantes y gente de todo tipo abandonaron sus carreras para aventurarse en el mundo del la producción artesanal de cerveza.

Para 1995 ya existían más de 500 fábricas de cerveza en operación y solamente dos años después este número se duplicó alcanzando las 1,102.  En ambos extremos del país la industria artesanal evolucionaba rabiosamente, basándose en un deseo exacerbado de crear nuevas cosas, como si con eso se pudiera recuperar el tiempo perdido en las décadas anteriores. En la costa oeste visionarios como Jack McAuliffe de New Albion Brewery, Fritz Maytag de Anchor Brewing Company, y Ken Grossman de Sierra Nevada Brewing Company trabajaban incansablemente.

 

En la actualidad el porcentaje de consumo de cerveza artesana se cifra sobre el 21 % mientras que en España ronda el 1,5%.

Lo que vamos a catar…

SIERRA NEVADA

Esta cervecería, Sierra Nevada Brewing Co., fue fundada en el año 1979 en la ciudad de Chico, California, por Ken Grossman y Paul Camusi. No obstante, no es hasta dos años después cuando se vende su primera cerveza. Su famosa Pale Ale se comercializa en muchos lugares del mundo.

Ken Grossman ha pasado de guardar sus cervezas en la nevera de su abuela a vender 1 millón de barriles, lo que es equivalente a 331 millones de botellas.

A día de hoy está considerada la tercera mayor cervecería artesana de los EEUU.

 

Sierra Nevada OTRA VEZ

 

Cerveza artesanal americana, 4,5% de alcohol, de alta fermentación con segunda fermentación en botella.

Sierra Nevada Otra Vez da un giro a los inicios de California cuando se utilizaban ingredientes locales para la elaboración de las cervezas. La mezcla de tuna (en España higo chumbo) con un toque de toronja (Pomelo) dan como resultado una refrescante cerveza de estilo gose de color amarillo pajizo con una gran capa de espuma blanca, fina y duradera.

En el estilo Gose, generalmente, se utiliza mitad de malta de cebada y mitad de malta de trigo para elaborar el mosto. Tiene un sabor salado debido a el agua usada en su elaboración, aunque también se puede agregar sal para lograr este efecto. Se le parece mucho a la cerveza de fermentación espontanea.

Aroma suave, dulce, agrio, láctico con notas cítricas por el añadido de cilantro en su elaboración.

Sabor cítrico de pomelo y limón complementado con la acidez y salinidad fiel al estilo, el final es suave y refrescante.

Una cerveza para los largos y cálidos días de verano, ya que su composición la hace una cerveza ligera, tanto en cuerpo, amargor (solo 5 IBUs) y contenido alcohólico (4.5% ABV).

Se puede acompañar con platos de cocina thailandesa, queso fresco de cabra o sorbete de pomelo y menta.

Sierra Nevada Tropical Torpedo

Cerveza artesanal norteamericana, 6,7% de alcohol, de alta fermentación con segunda fermentación en botella.
Con 55 Ibus de amargor en boca.

Lupulos:  Mosaic, Citra, El Dorado, Comet y Amarillo.

Maltas: Munich, Honey y Two-row

Sierra Nevada Tropical Torpedo tiene un color ámbar claro con espuma blanca y compacta de retención media alta.
Se han utilizado lúpulos que transmiten aromas exuberantes a mango, papaya y maracuyá.

El sabor es fresco y sabroso, dominado por las frutas tropicales con notas suaves de pino y persistencia cítrica final de moderado amargor.

Se puede acompañar con platos de ternera picante, quesos envejecidos y tartas de lima.

 

FLYING DOG

Como ocurre con muchas cerveceras, detrás de la historia de su nacimiento existe una leyenda, a pesar de ser una compañía de historia relativamente reciente. La idea de fundar una compañía cervecera con el nombre de Flying Dog, tuvo su origen en un viaje, o más bien, una aventura escaladora que emprendió George junto con unos amigos hasta Pakistán, con el ánimo de coronar nada menos que el K2.
A pesar del riesgo que corrían, ya que carecían prácticamente de preparación, comenzaron el viaje con ilusión guiados por un sherpa con un burro y una maleta llena de contrabando. Y claro, el viaje no fue sobre ruedas precisamente. A mitad del viaje, se complicó la situación, ya que George y sus amigos fueron abandonados a su suerte, por el sherpa que se llevó consigo el burro y la maleta. Se habían quedado sin medio de transporte y sin provisiones. Afortunadamente pudieron salir de la montaña con vida, y tras una experiencia tan difícil como aquella, pero que a fin de cuentas no había acabado tan mal, tenían que celebrarlo. Dada la prohibición del alcohol que hay en los países musulmanes, les costó encontrar un local donde poder tomar ese trago reponedor, pero afortundamente encontraron el bar de un hotel en el que siendo extranjeros era fácil que les sirvieran alcohol.
Tras haber tomado algún trago que otro, George reparó en un cuadro del bar del hotel, en el que había un perro volador, dibujado por un artista local. George tomó la inspiración a partir de esta imagen, para no imponerse límites, ya que si un perro era capaz de volar aunque fuera en un cuadro, y ellos habían llegado hasta Pakistán, tras vivir una aventura, qué límites podrían tener para emprender otras nuevas aventuras? No había nada imposible. A partir de entonces, el perro volador se convirtió en el símbolo que George y sus amigos utilizaron para describir lo
que habían crecido espiritualmente en aquel increíble viaje.

En 1990 George Stranahan abrió el Flying Dog Brewpub en Woody Creek, Colorado, un pequeño pueblo a las afueras de Aspen. Fue la primera fábrica de cerveza que se  abrió en 100 años y uno de los primeros Brewpubs de la región montañosa.

Flying Dog Doggie Style Pale Ale

Malta: Caramel
Lúpulo: Northern Brewer, Cascade, Simcoe, Citra

Ibu:  35

Alcohol: 5,5

Pale Ale de tipo americano de color ámbar/naranja con una espuma de color blanca, aroma dulce y perfumado por el lúpulo de finas hierbas y cítricos.

Sabor igualmente herbal y cítrico con ligero perfume a lúpulo y el sutil dulce de la malta, con notas de pan recién horneado y pretzel (Galleta, briox)

Marida con queso Cheddar, hamburguesas , barbacoa, tailandesa, mexicana

 

THE BROOKLYN BREWERY

Históricamente el barrio neoyorkino de Brooklyn representó en un tiempo pasado todo un centro único de producción cervecera, en gran medida gracias a la inmigración proveniente de Alemania, y que se terminó instalando en el célebre barrio, y por extensión precisamente Nueva York, gozó durante esta época de una intensa actividad cervecera. Para la industria de la cerveza, la prohibición impuesta por la tristemente célebre «ley seca» (1920-1933), supuso un revés importante. Para hacernos una idea, antes de la prohibición había cerca de 80 fábricas de cerveza en la ciudad, de las que casi 50 se ubicaban en Brooklyn. De hecho, hubo una calle a la que se conoció como Brewers Row la hilera de las cervecerías«), y la Brooklyn Brewery es actualmente el único vestigio visible de aquel esplendor.

Fue en 1984, Steve Hindy, un periodista corresponsal que viajó por diferentes lugares del mundo, regresaba a Nueva York, y aprovechó todo el conocimiento relacionado con la producción cervecera que había adquirido durante sus viajes, con la idea de crear una cervecera. Quería desarrollar esta idea, impulsado por su pasión por la fabricación artesanal de magníficas cervezas, de modo que, en compañía de su amigo y exbanquero Tom Potter, fundó la Brooklyn Brewery en el año 1987. En poco tiempo logró que sus cervezas «caseras» llegaran a ser las más vendidas en Nueva York.

La filosofía que mantuvo la cervecera en un comienzo se basaba en la sencilla idea de crear cervezas con cuerpo y mucho sabor, que se parecieran a las que él mismo imaginaba que se fabricaban durante los años de esplendor de la industria de la cerveza de Brooklyn. Desde los comienzos más modestos ha ido ampliando miras, elaborando por ejemplo en la actualidad cervezas de estilo belga maduradas en botella o refrescantes weizen de trigo, poniendo al alcance de la mano de los neoyorquinos cervezas de diferentes estilos.

 

BROWN ALE

 

Graduación: 5,6º

Aspecto:

Con un tono rojizo oscuro cercano al marrón. Con una generosa y cremosa capa de espuma de entre 2 y 3 dedos de espesor y de color canela, con buena consistencia que deja adheridos importantes restos de espuma en el cristal de la copa. Verdaderamente atractiva

Aroma:

En nariz se percibe principalmente la malta tostada, como era de esperar, con un toque a nueces, avellanas, y notas de caramelo y chocolate.

Sabor y textura:
Se trata de una cerveza con cuerpo, y de buena carbonatación, que «pesa» un poco a medida que la tomamos. Lo primero que nos llega es el chocolate de forma más acentuada que en el olor, aunque sin llegar a los niveles de una Imperial Stout, y se ve acompañando de otros sabores como caramelo, toffee y malta. De escaso carácter lupulado, se perciben de modo sutil en forma de pequeños puntos de amargor con un gusto terroso, más apreciables en el regusto. Se percibe un poco de distorsión por el alcohol a pesar de sus 5,6º, algo que me sorprendió y que quizás considere como su principal punto negativo.

Maridaje:

Apropiada cerveza para acompañar unas tiernas chuletas de cordero.

 

ROGUE

La cervecería fue fundada en 1988 por tres amigos en Ashland, Oregón.

Al año siguiente la compañía abrió su segunda cervecería en Newport que es donde tienen actualmente su sede.

El nombre de la cervecería fue elegido a causa de rio Rogue que cruza la ciudad de Newport.

John Maier, que entró en la empresa un año después de su fundación, es el actual maestro cervecero de Rogue, y se ha ganado una reputación tanto en los Estados Unidos como fuera de sus fronteras, gracias a la fabricación de cervezas muy innovadoras. Uno de los puntos más destacables, dentro de las elaboración de las cervezas, es el uso de una cepa de levadura propia denominada Pacman, especialmente indicada para la maduración de ales en botella, y que constituye uno de los secretos de elaboración de Rogue.

Las cervezas de Rogue han ganado cientos de premios y galardones en diferentes competiciones de cervezas.

ROGUE DEAD GUY ALE

Los muertos también beben cerveza

Una de las primeras cosas que nos llama poderosamente la atención de esta cerveza es su etiqueta en la que se muestra a un simpático esqueleto con sombrero sentado con una jarra de cerveza.

El estilo Maibock (estilo procedente de Alemania y que se elabora en baja fermentación), cambia en esta cerveza pues utilizan su propia levadura Pac-man, alta fermentación. Para su elaboración se emplean hasta cuatro variedades diferentes de malta: Northwest Harrington, Maier Munich, Klages  y Carastan, y dos clases de lúpulo: los Perle y los Saaz de Centroeuropa.

 

Graduación: 6,5º

Aspecto:

De color a medio camino entre miel y un ámbar intenso, casi rojizo. Con un notable grado de turbidez, genera una capa de espuma de entre 2 y 3 dedos de espesor, muy blanca, de apariencia compacta, y larga duración. Deja rastros de espuma en forma de anillos muy finos, en los primeros tragos.

Aroma:

Compleja, con aromas intensos a malta tostada y algo de caramelo con un toque marcadamente afrutado. Notas herbáceas y terrosas por debajo, que incluyen plantas silvestres, abeto y un toque cítrico dulzón, como una mezcla entre pomelo y miel y frutas tropicales.

Sabor y textura:

Con un buen nivel de carbonatación y de cuerpo medio, es una cerveza en la que predominan las sensaciones maltosas por encima de los lúpulos, en un comienzo, aunque en el retrogusto se consigue balancearla en parte con un amargor con matices cítricos, que resulta más patente a medida que vamos apurando el vaso. No resulta difícil de tomar y el alcohol hace aparición en su justa medida.

Maridaje:

La carne de cerdo va estupendamente con este estilo de cervezas por lo que combina bien, por ejemplo, con un codillo asado con una guarnición a base de puré de patata y cebolla frita.

ANCHOR BREWERY

La Anchor Brewing Company se define a sí misma como la “primera cervecera artesanal de los Estados Unidos”.

Esta fábrica de cervezas está situada en San Francisco, California, y sus raíces se remontan a 1849 cuando el cervecero alemán Gottlieb Brekle llegó a San Francisco con su familia. En el año 1871 compró un viejo salón de cerveza y de billares en la calle Pacífico, cerca de Russian Hill, transformándolo en la fábrica de cerveza.

La fabricación paso por varias etapas como el incendio devastador que siguió al gran terremoto de San Francisco.

En 1920, durante los años de la prohibición, la fábrica se vio obligada a echar el cierre pero una vez derogada esta ley, en abril de 1933 volvieron a elaborar de nuevo la cerveza Anchor Steam Beer.

La suerte, o más bien la mala suerte, quiso que su recién reabierta fábrica se convirtiera en pasto de las llamas pocos meses más tarde. Pese a todo no cesó en su empeño de seguir produciendo cerveza cambiando de sitio y adquiriendo nuevos espacios.

 

Anchor actualmente continúa siendo uno de los referentes dentro de las craft brewerys de Estados Unidos, y sus cervezas continúan siendo muy apreciadas, entre otros motivos  por su excelente relación calidad/precio.

 

ANCHOR PORTER

 

Graduación: 5,6º

Aspecto: 

De color marrón oscuro, cercano al negro, pero que muestra brillos rojizos. Carbónico leve y de burbuja fina. Produce una corona de espuma de amplitud media y color café con leche. Muy compacta, aspecto cremoso y de buena duración.

Aroma:

En nariz aparece un intenso aroma mezcla de caramelo y malta tostada. Los matices torrefactos en un primer contacto donde asoman granos de café conducen a otras notas más ocultas como chocolate negro, frutos secos y humo.

Sabor y textura: 

El cuerpo es sorprendentemente ligero y la textura muy liviana, para tratarse una cerveza de este estilo. En boca se aprecian matices de malta tostada, y reminiscencias de caramelo. Aparece algún tímido matiz de regaliz y ahumado. Los lúpulos también se unen al conjunto hacia el final del trago, añadiendo un punto floral. Una porter ligera y que entra sorprendentemente bien.
Maridaje: 

Tarta cebra de yogur y chocolate.

 

 

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